Una Boda en Vejorís, en tiempos de Covid

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La primera de la temporada, la primera tras el confinamiento, una boda muy esperada, que debió celebrarse el pasado mes de abril y finalmente se celebró el 18 de Julio, la de Marta e Iñaki, unos valientes que decidieron seguir adelante a pesar de todos los cambios en el guión que la “nueva normalidad” les ha exigido.

 

En primer lugar, menor número de invitados, uso de mascarillas, reducción de aforo en la iglesia, codazos en lugar de besos y abrazos…. Pero contra viento y marea la boda se celebró en un espléndido día de verano en Vejorís, un precioso pueblo al pie del Escudo, donde la novia tiene su casa familiar. Allí comenzó nuestro reportaje con los preparativos de Marta, que se vistió en seguida, pues el vestido de Palmira Novias era cómodo y sin grandes complicaciones, como le gustan las cosas a ella. Y tras unos retratos de familia en el salón y en el jardín, salimos para la pequeña iglesia del pueblo, decorada para la ocasión por Carolina, la hermana de la novia, que la dejó preciosa. Allí nos esperaba el padre Alejandro, buen amigo de la familia, que vino desde Castro Urdiales para oficiar el acto con la simpatía y afabilidad que le caracterizan. La ceremonia fluyó como la música del Cuarteto Medicea, que nos acompañó hasta la salida de los novios, recibidos con traca de petardos. Sin esperar a que se disipara el humo de la traca, nos fuimos con los recién casados de vuelta a la finca familiar, para realizar allí el reportaje de novios bajo la sombra de los magníficos árboles que la habitan: robles, castaños, sauces, magnolios, tilos y una sequoya gigantesca bajo cuyas ramas nos refugiamos del calor y la dura luz del mediodía, para esta breve sesión fotográfica con Iñaki y Marta.

 

Terminadas las fotos nos fuimos a Castañeda a la Finca de San Juan, donde ya nos esperaban los invitados disfrutando del aperitivo y la buena música de Bossa Collective, que vinieron desde Donosti para alegrarnos el día.

Y a pesar del calor todo el mundo disfrutó, con mascarillas y distancia social incluidas, de una preciosa boda al aire libre bajo la sombra de los castaños. Las mesas se ubicaron bien distanciadas y decoradas para la ocasión con las flores de Rebolledo Floristas. El día transcurrió tranquilo. Se sirvió el banquete, se repartieron los puros y la novia y su padre abrieron el "No-Baile". El novio probó suerte e intentó bailar con su ya esposa, pero ante las dificultades que presentaba la cola del traje de Marta, optó por no insistir, por lo que aprovechamos para hacer unas últimas fotos a la luz de la tarde, que en Castañeda es una delicia. Así nos despedimos de estos dos valientes, que nos demostraron como se puede y se debe celebrar una boda, respetando las normas que la actual situación exige, sin dejar por ello de disfrutar el momento, porque la vida continúa y si todas las bodas se organizan tan bien como la de Marta e Iñaki, podremos seguir celebrándolas sin miedo y con alegría.

 

Gracias por dejarnos participar de un día tan especial y gracias a la Finca de San Juan por hacernos sentir como en casa, da gusto trabajar con vosotros.

 

Hasta siempre

Miguel y Lucía