Comuniones en Santander

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Mi Primera Comunión

 

Como la de muchas niñas fue un día muy especial que recuerdo con cariño. En la caja donde guardo cosas viejas y entrañables apareció la fotografía, ya descolorida por el paso del tiempo, donde aparecen todas las amigas que vinieron a nuestra fiesta de la Primera Comunión en el jardín de casa de mi amiga Teté . Celebramos juntas aquel día de mayo de 1971, pues compartíamos amigas, juegos y vecindario y su jardín era mejor que el mío.

Tiene gracia que pasados tantos años aún recuerde con tanta nitidez lo mucho que disfruté, lo nerviosa que estaba, feliz con mi vestido blanco de organza heredado de mis cuatro hermanas mayores, recién planchado y como nuevo. M e parecía un sueño. Más que andar parecía flotar, ser protagonista por un día en una familia tan numerosa como la mía era un lujo. Recibir tantos regalos, mi primer reloj, el gran libro de las obras de misericordia ilustrado por Ferrandis, mi dibujante favorito, más libros de Los Siete secretos, Los Hollyster, Antoñita la fantástica y el regalo estrella del día, mi primera cámara de fotos , una Kodak Instamatic, que no tardé en estrenar haciendo un modesto reportaje fotográfico a mis amigas del colegio.

Y no sé si será cosa del destino o la casualidad que en la actualidad continúe haciendo fotos, que aquella afición se haya convertido en mi profesión y hoy sea fotógrafo profesional en Santander, cubriendo bodas y comuniones como las de la parroquia de San Roque, dónde yo celebré la mía.

El caso es que cuando veo llegar a los niños tan nerviosos y entusiasmados luciendo sus mejores galas y sintiéndose protagonistas, me contagio de sus emociones y disfruto captando los mejores momentos del día .

Me encanta hacer retratos a los niños en las comuniones. Vienen todos tan contentos a posar... Primero solos, para eso son los protagonistas, luego con sus familiares y amigos, en los momentos más solemnes de la ceremonia y también en los más divertidos. Es un placer para mí estar presente y registrar esos instantes que pasarán a formar parte de su álbum de fotos familiar. Y el día de mañana, cuando vuelvan a hojear sus fotografías, volverán atrás en el tiempo y recordarán con placer los buenos momentos vividos, esos que siempre quedan grabados en nuestra memoria y nos motivan a seguir remando en la vida, en mi caso a seguir fotografiando las vidas ajenas y disfrutando como si fueran propias.

Esto es lo que pienso y comparto con vosotros cuando repaso esa vieja fotografía y voy poniendo nombre a todas aquellas amigas que aparecen en ella, recordando con gusto aquella tarde de mayo e imaginando lo que habrá sido de sus vidas. Con algunas sigo en contacto, a otras ya les perdí la pista, pero espero que a todas les vaya bien y recuerden también al mirar sus fotografías los buenos momentos que compartimos.

 

Lucía Laínz, Santander



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